Productos de proximidad – ¿es comprar local siempre la mejor opción?

Tras décadas de externalización de la producción y un deseo más intenso de consumo de productos exóticos y extranjeros, los últimos años han mostrado un interés creciente en comprar productos de proximidad, es decir, producidos localmente, y en especial, productos de alimentación. Un de muchos ejemplos en todo el mundo es la ciudad de Graz, en Austria, que desarrolló su propia etiqueta para apoyar los productos alimenticios locales; otro ejemplo es Carolina del Norte, que inició una iniciativa para conseguir que los hogares gastaran un 10% de su presupuesto alimentario en alimentos cultivados localmente; y, finalmente, existen numerosos sitios web que buscan conectar productores locales con consumidores.

Un mercado agrícola, normalmente un buen lugar para comprar productos de proximidad.

Debido a estas iniciativas, el mercado alimentario local ha aumentado considerablemente su tamaño. En los EE.UU., por ejemplo, un estudio realizado por el departamento de Agricultura de Estados Unidos demuestra que el mercado alimentario local de este país duplicó su tamaño entre 1997 y 2007. A pesar de que los alimentos no son los únicos productos que se pueden consumir bajo la premisa de la sostenibilidad, se trata de la compra más cotidiana y la más fácil de cambiar por opciones locales (sobre todo las frutas y verduras), ya que podemos encontrar numerosas alternativas a nuestro alrededor. Sin embargo, ¿cuál es la ventaja de comprar productos de proximidad?

Primero, hay que definir qué es un producto de proximidad o local. Depende fuertemente de la legislación el hecho de que alguien pueda llamar de proximidad a su producto. No obstante, los límites se encuentran mayoritariamente entre una distancia de 150 km y 500 km desde el lugar de compra hasta su origen. Por supuesto, esta distancia es mucho más pequeña que la que recorren la mayoría de nuestros productos antes de llegar a los supermercados. A modo de ejemplo, las manzanas que consumimos en Europa entre enero y junio provienen del hemisferio sur, ya que entre estas fechas no es temporada de manzanas en el hemisferio norte.

Las manzanas que consumimos en Europa de enero a junio provienen del hemisferio sur, ya que entre estas fechas no es temporada de manzanas en el hemisferio norte.

Por lo tanto, parece lógico pensar que, debido a las emisiones de dióxido de carbono asociadas al transporte de estos productos desde el extranjero, los productos locales deben representar una alternativa más sostenible. Sin embargo, no es tan fácil como se podría pensar. Incluso para productos sencillos como las manzanas, las principales emisiones de CO2 se producen durante el proceso de producción, especialmente durante la recolección, el adobo y el drenaje. Puede parecer sorprendente, pero para un producto alimenticio medio en EEUU, sólo un 4% de las emisiones de CO2 son causadas por su transporte, suponiendo que este es transportado una distancia media de 1650 km. Aunque un producto local ahorra, en promedio, aproximadamente la mitad de las emisiones de CO2 destinadas al transporte en comparación con un producto extranjero, este sería todavía un efecto bastante reducido (alrededor del 2%).

Este ahorro es aún más pequeño si se compara con productos enviados desde otros continentes. Por ejemplo, transportar una manzana desde Sudamérica puede suponer casi las mismas emisiones de CO2 durante su transporte que una proveniente de España si ambas fueran compradas en Francia, ya que las elevadas emisiones de los barcos contenedores utilizados para el transporte estas manzanas desde Sudamérica se dividen por la enorme cantidad de manzanas que pueden llegar a transportar. No obstante, si el transporte se realizara en avión, las emisiones asociadas se dispararían hasta un punto donde el producto local sería claramente una opción más sostenible que la alternativa extranjera.

Las emisiones de CO2 asociadas al transporte de los alimentos están directamente relacionadas con el método empleado para este desplazamiento y en su eficiencia.

Además, hay otro aspecto a tener en cuenta. Otro 40% del CO2 asignado al transporte es emitido después de haber adquirido el producto, es decir, durante el transporte desde el minorista hasta el hogar del consumidor. Un kilo de verduras locales necesita alrededor de 530 g de CO2 para ser transportado al consumidor, ya que las emisiones por unidad de producto relacionadas con este transporte local son extremadamente grandes. Un coche produce hasta 120g de CO2 sólo durante el proceso de arranque, y más aún durante el camino a casa. Incluso las distancias cortas entre el minorista y el destino del producto pueden tener una influencia enorme en la huella de CO2. Por lo tanto, parece más razonable consumir productos que han sido transportados a una cierta distancia en un transporte al por mayor, ya que una gran carga de productos comparte el CO2, en lugar de pequeños envíos transportados localmente.

Dicho esto, hay que analizar producto por producto (de donde provienen, como se recolectan, qué medio de transporte utilizan, qué uso se da de los recursos …) para afirmar realmente que comprar un producto localmente o no es más sostenible que lo contrario, ya que, especialmente las pequeñas explotaciones locales, pueden sufrir procesos menos optimizados. En cambio, quisiera centrarme en consejos sencillos que podemos aplicar para consumir de una manera más sostenible.

1. En primer lugar, algunos productos tienen por naturaleza una emisión más elevada que otros. Evitar la carne, especialmente la ternera, es una de las estrategias más efectivas para reducir las emisiones de CO2.

2. En segundo lugar, también es fundamental nuestro propio medio de transporte personal. Ir en bicicleta o a pie hasta nuestro supermercado de proximidad tiene un impacto mucho menor sobre el clima que conducir hasta el gran hipermercado o centro comercial situado unos kilómetros más allá.

3. En tercer lugar, es crucial comer de temporada. Las frutas y verduras fuera de temporada esconden siempre un sobrecoste adicional, ya que hay que congelarlas o cultivarlas en invernaderos. ¡Estos requisitos pueden aumentar la emisión de CO2 en un factor 10, e incluso convertir las manzanas locales en una compra menos sostenible que las del otro lado del planeta! Además, comer según la temporada aumenta la posibilidad de encontrar una opción local y de garantizar una alta calidad del producto, al mismo tiempo que un precio más bajo.

 

Escrito por Niklas GötzHigh Energy Physics student and software engineer. Passionate about literature, hiking and the idea that people can come together to find solutions for a better future, as well as education,  being the basis of all progress.

 

Principales fuentes de información

  1. Swissveg: https://www.swissveg.ch/transport
  2. CO2online: https://www.co2online.de/service/multimedia-center/broschueren-und-faltblaetter/co2-zaehler/
  3. Weber, Christopher L.; Matthews, H. Scott; Food-Miles and the Relative Climate Impacts of Food Choices in the United States. Environmental Science & Technology 2008 42 (10), 3508-3513
  4. Mittal, A.; Krejci, C.C.; Craven, T.J. Logistics Best Practices for Regional Food Systems: A Review. Sustainability 2018, 10, 168.
  5. Martinez, S. et al.; Local Food Systems: Concepts, Impacts, and Issues. Economic Research Report No. (ERR-97) 87 pp.

Otras fuentes interesantes

  1. Center for Environmental Farming Systems: https://cefs.ncsu.edu/resources/a-community-and-local-government-guide-to-developing-local-food-systems-in-north-carolina-2013/
  2. Graz Tourismus: https://www.graztourismus.at/en/eat-and-drink/products/regional-products

 

 

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