Los efectos del COVID-19 en la contaminación atmosférica

Todos somos conscientes el gran impacto que está teniendo la pandemia del COVID-19 en las vidas de la gran mayoría de las personas, tanto a nivel económico como social. Las consecuencias finales de esta situación están todavía por verse, pero sin embargo ya hay algunos ámbitos dónde se empiezan a vislumbrar cambios de patrones, siendo el medioambiental uno de los más claros.

Se han hecho tremendamente famosos los recursos gráficos que muestran cómo la fauna se reapropia de los espacios que hasta ahora estaban reservados para el uso de los humanos, o cómo, por primera vez en décadas, era posible tener una visión clara en grandes ciudades. Y es que la reducción de la contaminación atmosférica está siendo una de las pocas noticias buenas que nos está dejando está peculiar coyuntura. La supresión de la actividad industrial, paralización del tráfico individual (tanto terrestre como aéreo) y la reducción del consumo en numerosos sectores son algunos de los factores que han contribuido directamente a esta situación.

Las ciudades son las zonas donde estos cambios se pueden percibir de forma más notable, ya que son las que han visto su actividad considerablemente afectada, sobre todo en el aspecto de la movilidad. Este hecho se puede ver reflejado por la variación de concentración de NO2, contaminante generado principalmente durante la combustión incompleta que tiene lugar en los motores de los vehículos, que ha habido en Cataluña, y como las disminuciones más considerables están asociadas a zonas urbanas con mayor cantidad de población.

Variación de concentración de NO2 durante el mes de Marzo 2020. Fuente: «Dades Obertes de Catalunya»

NOTA: Este mapa refleja la variación de concentración de la media de la primera mitad (antes del confinamiento) respecto a la segunda mitad (después de la declaración del estado de alarma) del mes de Marzo.

Esta información muestra la gran participación que tiene la movilidad urbana en la contaminación atmosférica y una vez más se refleja la necesidad de repensar la forma de concebir este ámbito. La importancia de las ciudades solo será creciente en los años venideros y si se busca un futuro sostenible, la transición es indispensable. Un fortalecimiento del transporte público, optimización del planeamiento urbano (facilitando el acceso a servicios básicos a los ciudadanos en cortas distancias) y refuerzo de tecnologías no contaminantes en los vehículos son algunas de las medidas básicas que se están tomando para poder mejorar este sector.

Finalmente, hay que resaltar la diferencia entre la contaminación atmosférica y el cambio climático. Por una parte, la primera consiste en la concentración de compuestos contaminantes en suspensión en el aire, hecho que puede provocar enfermedades, deterioro del terreno o del agua, mientras que el segundo representa un cambio global del comportamiento climático del planeta, generado principalmente por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmosfera, variando la concentración natural de los mismos. El cambio climático puede tener consecuencias muy graves como la subida del nivel del mar, aumento de incendios y proliferación de catástrofes naturales.

Los dos fenómenos comparten orígenes parecidos, como el sector de la movilidad o industria, pero hay claras diferencias como el ámbito geográfico de influencia: donde la contaminación atmosférica tiene efectos locales, los fenómenos que favorecen el cambio climático son globales. Por otra parte, los efectos del cambio climático son a largo plazo y los gases que lo provocan no tienen por qué ser los mismo que influyen en la contaminación atmosférica.

A lo largo de este artículo se ha hablado exclusivamente de la primera y es donde se están observando estas claras mejorías; el segundo es una problemática que tiene efectos menos inmediatos y son necesarias medidas más prolongadas para poder modificar su preocupante situación.

 

Martin Ferrer Escobar
Máster en Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad

 

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